1- Todavía esta libre del turismo masivo
Esto no quiere decir que no tiene turismo. Lo tiene, por supuesto. Cada vez más y seguramente pronto dejará de ser «una rareza», pero por el momentos el nivel de turismo es manejable y resulta refrescante no sentirse siguiendo hordas humanas por doquier y cayendo en trampas de turistas en cada esquina.


2- Tiene una de las capitales más efervescentes de Europa
Tblisi es sin duda alguna la ciudad que más nos ha sorprendido en los últimos tiempos. A primer ojo, confuden sus barrios de edificios descascarados y casi decadentes a los que basta acercarse un poco para ver que esconden hoteles ultra cool, restaurantes, librerías, bares, cavas y espacios que conjugan su pasado y su presente de manera magnética. Muchas vibras de la fantástica Berlín de hace unos quince años. Si se mira para otro lado está la Tbilisi antigua, señorial y clásica de anchas avenidas, monumentos, parques y fuentes. También están las iglesias majestuosas o hermosamente sencillas de la fe ortodoxa, los espacios industriales de la era soviética renovados y los baños de sulfuro con claros guiños a la cultura del medio oriente. Y es que Tbilisi vive exactamente ahí, en el medio, ni del todo Europa ni del todo Asia, simplemente Caúcasica y maravillosa.


3- Su gastronomía es, sin exagerar, de las mejores que se pueden encontrar actualmente
No importa el presupuesto, no importa la ubicación, en Georgia siempre se va a comer bien, abundantemente y siempre algo diferente. Extrañamente su gastronomía no aparece laureada en el podio mundial, pero apostaríamos lo que sea a que no existe una sola persona que haya pisado Georgia y no vaya a alabar su riqueza culinaria a la primera ocasión que tenga. Las opciones de fine dining tienen mucho nivel y han hecho una labor impecable re significando y elevando la gastronomía tradicional. Ente variedades infinitas de khachapuri (panes rellenos de queso, frijol, carne etc) y los innegociables khinkalis (dumplings enormes rellenos de carne y caldo que se deben comer con la mano y sin regar una gota) hay un trecho de delicias de carnes, guisos a base de nueces molidas, vegetales siempre frescos y tantísimas cosas más que hay que probar para confirmar su superioridad en la mesa.


4- Un sólo vino nunca será suficiente
Esto merece su propio apartado pues este pequeño rincón del Cáucaso se precia de ser la cuna misma del vino. Debates aparte, lo cierto es que las opciones son infinitas y que mantienen su forma única y tradicional de producción por medio de las qvevri, ánforas de barro enterradas bajo tierra. Variedades como la Rkatsiteli y la tinta Saperavi, los vinos ámbar —de textura tánica y notas de té, frutos secos y especias- llega a la mesa acompañados de brindis interminables, hospitalidad y relatos familiares que se quedan en la memoria.

5- Sus montañas
Si Tbilisi es la sorpresa, las montañas son la razón por la que georgianos y viajeros llevan siglos volviendo. A tres horas de la capital está la región de Kazbegi, el portal a algunas de las caminatas más lindas del Cáucaso. El valle de Juta regala praderas verdes, ríos y cascadas que se pueden ver en una jornada amable, casi de cortesía si se quiere hacer el trek básico. El valle de Truso, por su parte, es la versión algo más exigente si se quiere hacer en un día. Veintidós kilómetros entre ruinas y aguas termales que tiñen el río de un rojo , contra el telón de fondo de las montañas.


Más al norte, la región de Svaneti, igualmente montañosa, cambia de registro por completo: montañas alpinas, más tipo Heidi con su legendario trek de la ciudad de Mestia a Ushguli, el pueblo medieval habitado a mayor altura de Europa. Las vistas de esta caminata de tres días son inigualables, pero para los que no quieran demasiado esfuerzo, es también posible hacer el recorrido en automóvil así como llegar a glaciares y lagos en altura en cuatro ruedas. En esto sí debemos ser honestos, se sacrifica paisaje y vista por comodidad, pero lastimosamente como dicen los Stones. «you can´t always get what you want» y hay que saber escoger sus batallas.


6- Su gente
Y sí, por supuesto que sabemos que esto suena a gran cliché. Pero en este caso, la hospitalidad georgiana no puede ser pasada por alto pues hace parte de uno de sus arraigos culturales esenciales. No se extrañen si completos desconocidos los invitan a su mesa, les convidan a una copa de vino tras otra o simplemente deciden pagar su cuenta sin ninguna pretensión más allá que la de ser hospitalarios. Personas extraordinarias que hay que saber mirar más allá del primer aire algo tosco que puedan transmitir, no se arrepentirán.

7- La cultura y sus sorpresas
Georgia tiene una historia fascinante y compleja. Fue uno de los primeros territorios en adoptar el cristianismo como religión oficial, vio nacer a Stalin (sí, señoras y señores, el gran dictador no era ruso) e hizo parte por momentos del Imperio Otomano, del Imperio Persa y de la Unión Soviética. Tiene su propio alfabeto tan antiguo como complejo y algunos de lo vestigios humanos prehistóricos más importantes han sido encontrados entre sus valles y cuevas. Solo por esta mínima parte de información vale la pena abrirle la libreta mental y física a este pedazo del Cáucaso con la completa certeza de que en el camino descubrirán esto y mucho más.

