Si la montaña llama, Refugio San Felipe atiende gustoso. Con una mezcla de diseño y arquitectura que no busca imponerse sobre el paisaje sino darle protagonismo a los sonidos de la naturaleza, aquí es donde quieren estar si fuego, madera y verde es lo que están buscando.
Dos cabañas y una casa de varias habitaciones en camino al páramo de Chingaza componen este hotel donde todo es silencio e intimidad. Aquí, los ventanales son amplios, con el hotel mismo para dejar entrar la luz y sentir que se hace parte del verde de las montañas borrando fronteras. La madera, el material protagonista, le da a los espacios esa calidez y ese sentimiento de confort absoluto que solo puede ser mejorado por el fuego de sus chimeneas centrales.


Orientadas hacia el occidente, las tres opciones de acomodación que alguna vez fueron parte de una finca lechera conservan el calor de la tarde. Al caer la noche se convierten en lo que su nombre ya ha prometido, en un refugio con todas su letras. Ya sea en pareja, con amigos o en familia, San Felipe es ideal para los amantes del paisaje sabanero, del campo y el clima frío.



Es también un excelente punto base para quienes quieran realizar caminatas por el páramo o sus alrededores y quieran alargar un rato esa sensación de sentirse comulgar con la naturaleza con unos merecidos toques de comodidad y lujo.
Hay que saber que aquí no hay restaurante, por lo que hay que traer sus propias provisiones. Lejos de ser un punto en contra, es una excusa perfecta para departir alrededor de las fantásticas y muy bien equipadas cocinas del refugio o para hacer un asado en el BBQ exterior.
