Atención entusiastas del lujo, la privacidad y la arquitectura colonial. No creemos equivocarnos cuando decimos que esta es la casa que más dará que hablar en Cartagena en mucho tiempo.
Por María José Marroquín
Justo cuando creíamos que todo estaba dicho sobre Cartagena, la fantástica, la heroica, la consentida de Colombia, esta ciudad mágica nos prueba con creces que siempre puede seguir sorprendiendo. ¡Y de qué manera!
La Calle del Torno guarda un secreto como pocos en la ciudad. Un lugar donde el tiempo se detiene y el concepto del lujo se redefine en una propuesta tan refinada y sobria como ecléctica en medidas perfectas. Hablamos del lugar que le dio su nombre a esta reconocida calle: La Casa del Torno.

Construida alrededor de 1648, la Casa del Torno fue pensada en principio como un anexo del vecino convento de Santa Clara para albergar a las monjas de reclusión. De hecho, la casa aún conserva el torno giratorio a través del cual dichas monjas tenían su único contacto con el exterior intercambiando alimentos, medicinas y otros productos.
A lo largo de los años esta maravilla colonial ha tenido muchas caras y ha recibido a muchos visitantes ilustres dentro de los que se cuentan Gabriel García Márquez, Aseneth Velasquez, María Mercedes Carranza y el padre Javier de Nicoló. Fue también la sede del consulado griego en Colombia y el hogar particular de una familia para hoy abrirse al público como la casa más exclusiva de los últimos años en la ciudad.


Pero esta no es realmente una casa, esta casa es en realidad un santuario.
Un santuario tropical, un santuario de calma y un santuario de inspiración de donde cuesta mucho trabajo salir aún a sabiendas de que un paso fuera de su imponente portón está el casco antiguo con su magia y sus infinitas posibilidades.
Nada le gana a ese magnetismo de la Casa del Torno que hace que siempre siga pareciendo una mejor idea dejarse arrullar por las fuentes interiores que acompasan el pasar del día dentro de su muros rosa. Nada le gana a dejarse querer por el sol al borde de la magnifica piscina, punto neurálgico de la casa. Y, definitivamente, nada le gana a contemplar uno a uno los detalles de esta joya de la hospitalidad colombiana.

Con cuatro habitaciones, cada una con personalidad propia y baños que son casi piezas de arte, Casa del Torno puede alojar hasta a 9 personas. Su restauración exquisita estuvo a cargo de la reconocida arquitecta Gloria Patricia Martínez y se ha ido llenando a través de los años de piezas de colección y recuerdos de la familia colombo-greco-italiana que vio en esta casa un futuro patrimonial único embarcándose en la tarea de adquirirla y darle nueva vida en los años ochenta.

Así pues, una de las cosas más notables de la Casa del Torno es la manera en que se combinan de manera sutil y armoniosa elementos decorativos y de diseño que podrían parecer opuestos y hasta contradictorios. Las estatuas greco romanas conviven dulcemente con los canastos en werregue, el mármol impoluto fluye en sintonía con la tejeduría ancestral colombiana y la impactante lámpara de cristal traída de Praga que adorna el salón principal se enaltece aún más a través de la preciosa ebanistería artesanal de los sillones. Nada falta, nada sobra. Es una mezcla sencillamente perfecta.


El verde omnipresente termina de darle ese toque de encanto, esa aura de oasis tropical que define el espíritu de la casa. Y no es de extrañarse, el diseño del jardín le fue encomendado a Roberto Barriga, ex director del Jardín Botánico de Cartagena, quien puso a tono una exuberante vegetación que hace parte esencial de la paleta de color total.
Una vez más, salir de aquí se hace difícil al sentirse rodeado de tal belleza, calma y comodidad.


Como si todo lo anterior no fuera suficiente, la sorpresa mayor ocurre cuando el huésped curioso se encuentra con un tesoro invaluable que la Casa del Torno custodia con orgullo. En algún lugar de estos quinientos metros (que no develaremos para que ustedes mismos sean testigos del asombro cuando la visiten), está expuesta la mesa donde el Nobel de Literatura, Gabriel García Márquez, escribió gran parte de su obra «El Amor en los Tiempos del Cólera». Hablemos de retazos de historia viva, por favor.

Y si hablamos del servicio, la palabra es «impecable». La amabilidad y disposición de su staff hacen de la estadía aquí un verdadero deleite. Esto sin mencionar las delicias y bocados locales de su cocina que sorprende con las famosas arepas de huevo o la posta cartagenera, manjar autóctono por excelencia.
Mucho más podríamos extendernos en palabras para esta joya que abre sus puertas al público con sus siglos de historia a cuestas, hoy como una apuesta de amor y agradecimiento hacia Cartagena. Compartimos plenamente la visión de turismo responsable y consciente que promueven esta casa y sus mentes creadoras como una forma de respeto a una ciudad que tanto orgullo le produce a Colombia.
Así pues, si están buscando un lugar realmente especial para pasar días de ensueño y vivir una experiencia de lujo real, la invitación está abierta, La Casa de Torno es todo lo que están esperando y mucho más.


Casa del Torno
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