Refugio la Roca: paraíso en la montaña del que no querrán salir

Dicen los que saben que no hay en Colombia un lugar tan privilegiado para la escalada como el parque Rocas de la Mojarra en el cañón del Chicamocha.

Yo no sé nada de escalada, pero de lo que sí sé es de lugares fantásticos a los que vale la pena ir y de hoteles maravillosos, así que les puedo asegurar que el vecino de este parque, el Refugio la Roca, entra con creces dentro de esa categoría.

Situado en la Mesa de los Santos a una hora y media de Bucaramanga, ¨el Refugio¨, como ya lo conocen los amigos de la casa, es un custodio del cañón y tal vez el mejor amigo de las majestuosas montañas entre las que se camufla tan orgánicamente que alcanza uno a dudar si no estuvo allí siempre, con ellas desde el principio de los tiempos.

El Vivac, una de las cabañas más acogedoras del Refugio.

¡Atención! Este mirador es sólo apto para valientes….

y para los que busquen material altamente ¨instagrameable¨.

Si la escalada es lo de ustedes, seguramente ya conocen este lugar o han pensado en visitarlo y no les estoy contando nada nuevo. Pero si no se les ha pasado por la cabeza aquello de treparse por la piedra o han tenido ganas de intentarlo, pero nunca se han animado, les recomiendo a viva voz que lo hagan aquí.

Una de las cosas que más me gustó de este hotel y por la que le sumo muchos puntos es que a pesar de estar pensado para escaladores, nunca se siente como un ¨club privado¨ en el que están los iniciados mirando por encima del hombro y los marginados (a.k.a: los que no sabemos nada al respecto) sintiéndose como unos idiotas. Aquí la invitación es para todos, para vivir y disfrutar de un paisaje privilegiado explorando una actividad al aire libre en la que se pone a prueba la destreza de cuerpo y mente, pero sin afanes, sin necesidad de demostrar nada. Todo por el simple disfrute de compartir la pasión por la cual los creadores de este lugar, Ricardo y Alexandra empezaron este proyecto .

Con esto quiero decir que puede venir cualquiera, niños incluidos, y que se les va a brindar la mejor experiencia con paciencia y con buena onda ya sea haciendo sus primeros pinitos en escalada o en la caminata vertical a través de la roca (que recomiendo ciegamente pues es una manera increíble de ver el cañón en todo su esplendor).

¿Arizona? No. Santander, Colombia.

¿Nuevo México? No. Todavía Santander, Colombia.

¿Quién se le mide a escalar por aquí?

Ahora, si definitivamente no se le van a medir, igual les recomiendo la visita. Eso sí, siempre y cuando sean verdaderos amantes de la naturaleza y estén dispuestos a vivirla de verdad y no desde una vitrina, pero con comodidades urbanas. Este es un hotel ecológico con todo lo que eso implica y por lo tanto no es el lugar para los que se incomoden con la presencia de los animales propios del entorno, para los que no se sientan cómodos con la construcción eco sostenible en materiales como tierra, piedra, madera o caña o para esos que necesitan tres baños de agua caliente al día.

Yo, por mi parte, tuve la palabra contemplación pegada en la frente desde el momento en el que llegué hasta el instante en el que me fui. El poder de esas montañas y la forma en la que el hotel logró adaptar cada cabaña dentro de la roca, dan la sensación de estar flotando permanentemente, de tener panorámica de pájaro, de libertad absoluta.

Aunque cada tipo de acomodación (hay de muchos estilos, hasta dormitorios) tiene su perspectiva, su ángulo y su encanto, mi gran recomendada es Ritakuwa. Volvería mil veces sólo para pasar una noche y ver otro amanecer y atardecer desde este lugar increíble que se coló más fácil que el agua dentro de mi podio de favoritos en Colombia.

Ritawak, paraíso terrenal hecho vidrio, madera y vista.

Todos digan: paz.

Y los sibaritas, digan: ¡desayuno en la cama, si señor!

Los espacios comunes no se quedan atrás. Cada uno de ellos parece estar diseñado para sentir la fuerza de la naturaleza desde una perspectiva íntima e inmensa. Una buena lectura en el salón de hamacas o un estiramiento/meditación/yoga en el salón más alto del Refugio hacen parte también de esta experiencia.

La comida, fabulosa. No se vayan por ningún motivo sin probar el pan de chocolate (si van les encargo una bolsaaaa). Tampoco se vayan sin haberse acercado al maravilloso personal del hotel que hace sentir al huésped en su casa. Mario, Cindy, Alexandra, Emi… gracias por todo y como dice la canción ¨volveréeee, volveréeee¨.

Esta es la vista desde el punto más alto del Refugio la Roca, la sala de yoga o estiramientos. ¡Brutal!

Más información: http://www.refugiolaroca.com / Instagram @refugiolaroca

Por: María José Marroquín, editora Embarca Travel.

@mightyjosephine

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